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Capítulo 10 Los obstáculos impuestos por alguien más

  • Lin Xinyan incluso sabía hablar el idioma del país A. Si Bai Zhuwei todavía tenía dudas acerca de la chica de aquella noche, con esto, ya estaba segura de que era ella.
  • —¿Señorita Bai? —Su subordinado no entendía por qué su jefa se había detenido de pronto, así que le recordó—: La reunión está a punto de empezar.
  • Bai Zhuwei le entregó los documentos a su subordinado y le dijo:
  • —Adelántate a llevarle estos documentos al señor Zong, yo iré dentro de poco.
  • —Puede presentarse mañana.
  • Había muy pocas personas que hablaban el idioma de ese país y aunque Lin Xinyan no tenía experiencia laboral, bastaba con que conociera el idioma del país A. Ella se levantó de la silla y se inclinó un poco.
  • —Gracias.
  • Entonces, salió de la habitación de entrevistas sintiéndose feliz. Tan pronto como se fue, Bai Zhuwei entró en la habitación.
  • —La mujer que acabas de entrevistar no cumple con los requerimientos de este puesto, así que no podemos contratarla.
  • —A pesar de que no tiene experiencia laboral, conoce…
  • —Lo que dije es inútil, ¿verdad? —se quejó Bai Zhuwei.
  • Ella era la novia y la secretaria de Zong Jinghao y era probable que formara parte de la familia Zong. ¿Quién se atrevería a ofenderla? El entrevistador sintió que aquello era una lástima, pero obedeció.
  • —Sí.
  • Lin Xinyan salió regocijada del edificio, sentía que le había visto la esperanza a la vida, la cual se estaba acomodando en un buen lugar poco a poco.
  • Le hizo la parada a un taxi desde un lado de la calle y fue a la residencia de la familia Lin. Pronto, el auto se detuvo enfrente de la villa, le pagó al conductor y bajó, caminando hacia la villa con pasos ligeros pero firmes.
  • En la sala de estar, Shen Xiuqing estaba sentada en el sofá de una manera encantadora, usando un pijama de seda. Al ver a Lin Xinyan, levantó sus delicadas cejas y espetó:
  • —Ah, ¿no eres tú Lin Xinyan?
  • Esta última posó su mirada en el brazalete de jade que Shen Xiuqing estaba usando. Cuando era niña, había visto ese accesorio en el joyero de su madre, quien le dijo que su madre, es decir, la abuela de Lin Xinyan, se lo había dado. No obstante, ahora estaba en manos de Shen Xiuqing. Lin Xinyan reprimió en su interior el sentimiento que aquello le provocaba.
  • —Vine buscando a Lin Guoan —dijo.
  • Shen Xiuqing jugueteó con sus uñas pintadas de una hermosa manera y, sin levantar la mirada, respondió:
  • —Supongo que no llevas una buena vida ahora que estás casada con un lisiado, ¿no es así?
  • —Bueno, que te importe poco —dijo Lin Xinyan con un suave tono y luego preguntó otra vez—: ¿Se encuentra aquí Lin Guoan?
  • Shen Xiuqing por fin levantó la mirada para evaluar a Lin Xinyan.
  • —No tienes ninguna gracia. Ni siquiera ese lisiado de la familia Zong está interesado en ti, ¿verdad?
  • Lin Xinyan no pudo evitar burlarse. En ese momento, se sintió agradecida con Zong Jinghao por fingir estar lisiado a propósito, pues así, ella había tenido una oportunidad de volver. En su interior, se preguntó si aquella mujer se arrepentiría de no haber casado a su propia hija con él si supiera que no estaba discapacitado. Hasta donde se sabía, Zong Jinghao, en verdad era un hombre atractivo, capaz, y adinerado; las mujeres lo seguirían en rebaños.
  • Debido a que Lin Guoan no estaba en casa, ella no quería gastar su tiempo en un innecesario intercambio verbal con Shen Xiuqing, por lo que se dio la vuelta y se fue.
  • Cuando estaba en la puerta, un auto se acercó a ella desde un lado de la calle y se detuvo en la puerta. Lin Xinyan sabía que ese era el auto de Lin Guoan. En unos instantes, el conductor abrió la puerta del auto, Lin Guoan bajó de este y vio que ella estaba de pie frente a la puerta. Su expresión facial se desplomó al pensar que quizás estaba allí para preguntarle por la dote de Zhuang Zijin y antes de que ella pudiera hablar, Lin Guoan se apresuró a decir:
  • —Si quieres que te devuelva la dote de tu madre, tendrás que hacer algo por mí.
  • Lin Xinyan frunció el ceño.
  • —¡Dijiste que si me volvía parte de la familia Zong, le devolverías sus cosas a mi madre!
  • —¿Por qué crees que quiero que seas parte de esa familia? ¡Porque es benéfico para nosotros, la familia Lin! ¡En especial en el aspecto profesional! —resopló Lin Guoan con frialdad.
  • Lin Xinyan estaba temblando de lo enojada que estaba.
  • —¿Cómo puedes romper tu promesa? ¿Todavía eres un hombre?
  • —¡Claro! ¡Y tú eres una mocosa malcriada! —La expresión de Li Guoan era muy desagradable—. Soy tu padre, ¿cómo te atreves a hablarme de esta manera?
  • Lin Xinyan se quedó helada, su cuerpo se sentía frío, y su corazón, todavía más.
  • «¡De verdad rompió su promesa!»
  • —Si quieres que te devuelva esas cosas, dile a Zong Jinghao que me otorgue los derechos de promotor de Repulse Bay; solo entonces, te devolveré las cosas.
  • Después de decir eso, Lin Guoan pasó enfrente de ella, fue al patio y se detuvo a tan solo unos pasos de Lin Xinyan.
  • —Ese terreno es muy importante para mí. Si convences a Zong Jinghao de que me lo de, te devolveré todas las cosas que tu mamá trajo, incluyendo el piano que te obsequió en tu cumpleaños.
  • Lin Xinyan nunca espero que su padre fuera tan desvergonzado y al ser tan poco fiable, dejó de creerle. Si de verdad quería recuperar sus pertenencias, debía encontrar otra forma. Mientras pensaba, entrecerró los ojos; el terreno que deseaba Lin Guoan estaba en manos de Zong Jinghao y si quería apoderarse de la debilidad de su padre, debía esforzarse con su «nuevo esposo».
  • «¿Por dónde debo empezar?» Aunque ya eran marido y mujer, se desconocían tanto como un par de extraños. A Lin Xinyan todavía no se le ocurría una forma de salir de eso cuando regresó a su residencia y encima recibió una llamada en la que le informaron que su postulación para la vacante de traductor no fue exitosa.
  • —¿No me dijo que empezara a trabajar mañana? —dijo Lin Xinyan ansiosa.
  • —Lo siento, no podemos contratarla porque no cumple con nuestros requisitos de reclutamiento.
  • Y tras decir eso, colgaron el teléfono. Lin Xinyan miró la pantalla y no pudo recobrar los sentidos durante medio día.