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Capítulo 23 Cada uno tiene su propio destino

  • —Limpia este lugar y sirve otra taza de té —ordenó Susana.
  • Cuando la mujer se marchó, Delfina sacó su teléfono móvil del fregadero de la cocina. Se había sumergido por completo bajo el agua y ya no se podía encender.
  • Delfina no esperaba que Ámbar tuviera el valor de ser tan imprudente en la Residencia Echegaray. Sin embargo, cuando recordó cómo se había comportado como una niña mimada delante de Santiago, se sintió algo triste. No era por él, sino porque había visto a Ámbar salirse con la suya de esa manera mientras crecía. «Ámbar conseguirá lo que quiera mientras se comporte como una niña mimada ante la gente que la rodea. Por el contrario, yo... No importa, cada uno tiene su propio destino», pensó para sí misma. Después de guardar el móvil, recogió los trozos de porcelana y los tiró al cubo de la basura sin decir nada. Luego, volvió a servir los postres, preparó el té y los llevó al salón.
  • En ese momento, los sirvientes habían curado la herida de la mano de Ámbar. En realidad, no era nada grave. Era solo un pequeño corte hecho por los fragmentos de porcelana, y había dejado de sangrar mientras el criado la vendaba, pero Ámbar seguía llorando.
  • —Me duele mucho, Santiago. ¿No está bien vendada la herida?
  • Santiago le cogió la mano y la miró detenidamente. Luego, respondió impasible:
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