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Capítulo 27 Una de los Echegaray

  • Delfina estaba malherida por el agarre de Santiago, pero sólo pudo soltar un horrible gemido. Incluso el conductor, que echó un par de miradas furtivas, se sintió dolido por la visión.
  • —¿Y eso que te dio Gerardo? —Su voz helada resonó en el coche. Santiago estaba seguro de que Gerardo le había entregado algo, pero en ese momento fueron interrumpidos por Ámbar.
  • Delfina empezó a lagrimear mientras negaba con la cabeza sin cesar. Cuando su mirada devastada llegó a los ojos de Santiago, éste aflojó su agarre.
  • Había pasado tanto tiempo desde ese intercambio. Incluso si él le hubiese dado algo, ella ya debía haberlo ocultado. No había forma de que se lo mostrara.
  • —Es mejor que recuerdes que vivir con los Echegaray significa que eres uno de nosotros. Será mejor que no vaciles en tu lealtad, o sino…
  • Después de verla acurrucada en la esquina del asiento con la cara tan pálida como la nieve, la soltó. Era consciente de la posición de Delfina en su familia. Aunque entonces no estaba seguro, lo cierto es que había confirmado sus sospechas tras haber visitado antes la Residencia Murillo. Si no fuera por la influencia que su padre tenía contra ella, no habría sido tan obediente con él.
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