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Capítulo 306 Bienes usados

  • —¡Bájame ahora mismo!
  • —Hasta que no lleguemos a la entrada de la casa de Guchi, no lo haré.
  • Para Santiago, que medía un metro ochenta, llevar a Delfina era tan fácil como manejar un gato. Mientras aplastaba las piedras con sus zapatos de cuero en el camino, atravesaron rápido el callejón.
  • Mientras tanto, el corazón de Delfina se aceleraba.
  • —¿Está ahí?
  • Oyó la voz de un hombre por encima de ella, que la devolvió a la realidad…
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