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Capítulo 94 No está permitido ponerle las manos encima

  • Santiago sintió que el corazón le daba un vuelco antes de oscurecer su mirada. No estaban muy lejos el uno del otro: el sofá y la mesa de centro eran los únicos muebles que los separaban. Una lámpara de pie estaba colocada justo al lado del sofá, y la tenue luz iluminaba el rostro de Delfina mientras se movía. Era la primera vez que Santiago la veía así: sus ojos inyectados en sangre estaban llenos de odio y resentimiento. No parecía que su ira estuviera dirigida a él, sino más bien a los Murillo.
  • Se quedó aturdido por un momento, pero se calmó antes de hacer una mueca.
  • —¿Estás soñando despierta o algo así?
  • ―«Hay algo mal con los medicamentos de Farmacéutica Murillo. Han proporcionado una serie de medicamentos falsos a algunos proveedores».
  • Santiago se quedó helado. Ni siquiera Ámbar sabía nada de esto, así que ¿cómo podía una hija ilegítima como Delfina enterarse de tales noticias?
  • »«Mientras puedas ayudarme a conseguir un trabajo en Farmacéutica Murillo, podré conseguir pruebas de que fabrican medicamentos adulterados». ―Los pensamientos de Delfina se aclararon una vez que consiguió calmarse. Se dio cuenta de que tanto ella como él podían intercambiar información y beneficiarse mutuamente al no poder conseguir ciertas cosas de forma independiente. Gerardo era un enemigo para ambos, y ella pensó que podía hacerse amiga del enemigo de su enemigo por un tiempo.
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